EN LA PATAGONIA

Recuerdo el día en el que me aborde a esta aventura, atrás dejaba a mi familia, los observaba por la ventanilla del bus madre, padre y hermanos concurrieron a mi partida , ya era hora de dejar el nido , no falto la típica despedida de los amigos un par de días antes , donde me devolvieron en un estado que deja mucho que desear.
Puerto Montt era mi primer destino, no conocía a nadie, solo los datos proporcionados por mi señora madre me salvaron de no perderme o que no me asaltaran, es común cuando a uno le encuentran cara de espanto, presa fácil diría yo.
Luego el viaje hacia el aeropuerto, media hora de dolor de estomago que no me dejo apreciar los alrededores de la ciudad, apenas bajarme mis pies me llevaron al baño a desahogar mis nervios no sé cuantos ciudadanos abran escapado de esa sala con olor a desodorante ambiental. Camine hacia el mesón de la línea aérea que me llevaría a Balmaceda mi segundo destino, una rubia tipo Barbie, me observaba desde que me coloque en la fila donde creo que era el único que sobresalía por mis rastros chilensis
Para serles franco, no son muchos los recuerdos los que permanecen en mi memoria, pero tratare de desahogarme de la mayoría.
Me embarque en ese avión al que solo había visto en el televisor o por las noches cuando salía a fumarme un cigarrillo a escondidas de mi señor Padre ritual que aún mantengo. Me senté al lado de la ventana ya que solo me dieron dos opciones recuerdo la pregunta ¿ Ventana o Pasillo? , Pasillo respondí, lleno de hombría que hasta el día de hoy, no se de donde diablos me nació por que al momento de despegar, mis uñas se encarnaron al tapizado del asiento con la mala suerte de encontrarme en el que creo era el único asiento con el típico chicle debajo del asiento , creo que el dueño de aquel chicle se bajo del avión en Puerto Montt, lo digo porque aun estaba fresco.